SMEE CN © 2005 - Mª Ángeles Gilabert Carrillo © 2012

A.M. Burrage

Traducido por Mª Ángeles Gilabert Carrillo




 

 

N o —dijo Jackson con una sonrisita tímida—. Lo siento. No voy a jugar al escondite.

 

         Era Nochebuena y estábamos catorce en la casa. Habíamos cenado bien y nos apetecía jugar y divertirnos —a todos, excepto a Jackson—. Cuando alguien sugirió jugar al escondite, hubo gritos de alegría. Pero Jackson se opuso, a pesar de que no era propio de él rechazar un buen juego.

 

         —¿Es que no te encuentras bien? —le preguntó alguien.

 

         —Estoy perfectamente bien, gracias —dijo—. Pero —añadió con una sonrisa que, en parte, suavizaba su negativa— sigo sin querer jugar al escondite.

 

         —Pero, ¿por qué no? —preguntó otro.

 

         Dudó un poco antes de responder.

 

         —Pues bien. A veces voy a pasar unos días a una casa donde se mató una chica. Estaban jugando al escondite a oscuras. Ella no conocía muy bien la casa. Había una puerta que conducía a la escalera de servicio. Al tratar de esconderse, pensó que la puerta llevaba a una habitación. Abrió la puerta y saltó, aterrizando al final de las escaleras. Con la caída, se rompió el cuello.

 

 

 

 

         Todos nos quedamos muy serios. La señora Fernley dijo:

 

         —¡Qué horror! ¿Y estabas tú allí cuando ocurrió?

 

         Jackson agitó la cabeza tristemente.

 

         —No —dijo—, pero estaba allí cuando ocurrió algo más. Algo aún peor.

 

         —¿Qué puede ser peor que eso?

 

         —Os contaré una cosa —dijo Jackson. Dudó unos instantes y siguió—: «No sé si alguno de vosotros ha jugado alguna vez a un juego llamado "Smee". Es mucho mejor que el escondite. El nombre viene de "It’s me" que quiere decir "Soy yo". A lo mejor os gustaría jugar a esto en vez de al escondite. Os voy a contar las reglas del juego:

 

         »A cada jugador se le da un trocito de papel. Todos los papeles están en blanco, excepto uno. Nadie sabe quién es "Smee", salvo el propio "Smee". Se apagan las luces, y "Smee" abandona en silencio la habitación y se esconde. Pasado un rato, los otros salen a buscarlo pero, claro, nadie sabe a quién está buscando. Como están a oscuras, cuando un jugador topa con otro le desafía diciendo "Smee". El otro contesta "Smee", y siguen buscando.

 

         »Pero el verdadero "Smee" no contesta cuando alguien le desafía. Así que el jugador que lo encuentra antes, se queda en silencio junto a él. Luego llegará un tercer jugador que, al lanzar su desafío y no obtener respuesta, se unirá a los dos primeros. El juego continúa así hasta que todos los jugadores están juntos. El último que encuentra a "Smee" tiene que pagar una prenda. Es divertido, ruidoso y muy entretenido. En una casa grande se suele tardar mucho en encontrar a "Smee". A lo mejor os gustaría probar. A mí no me importa pagar mi prenda de antemano y quedarme aquí sentado junto al fuego mientras vosotros jugáis.»

 

         —Suena bien —dije yo—. ¿Has jugado tú también, Jackson?

 

         —Sí —contestó—. Jugué en la casa de la que os estaba hablando.

 

         —¿Y estaba ella? Me refiero a la chica que se rompió…

 

         —No, no —dijo alguien—. Ya nos ha dicho antes que no estaba el día que la chica se rompió el cuello.

 

         Jackson se quedó pensativo.

 

         —Pues, en verdad, no sé si estaba allí o no. Me temo que sí estaba, porque éramos trece jugadores y, sin embargo, en la casa sólo estábamos doce personas. Además, yo no sabía el nombre de esa chica, así que, cuando oí su nombre susurrado en la oscuridad, no me preocupé. Pero os digo que no pienso volver a jugar a este tipo de juegos. Pasé mucho tiempo después muy intranquilo. Así que ¡prefiero pagar mi prenda de antemano!

 

         Todos nos quedamos mirándolo. Sus palabras carecían de sentido.

 

         Tim Vouce, que es el hombre más amable que conozco, nos sonrió y dijo:

 

         —Parece una historia interesante. Venga, Jackson, cuéntanosla en lugar de pagar la prenda.

 

         —Muy bien —dijo Jackson.

 

         Y ésta es su historia.

 

 

2

______________

 

 

         «¿Conocen a los Sangstons? Son primos míos y viven en Surrey. Hace cinco años, me invitaron a pasar con ellos la Navidad.

 

         »Es una casa vieja, con un montón de escaleras y de pasillos innecesarios. Un extraño se perdería allí fácilmente.

 

         »Pues bien, fui a pasar la Navidad. Violet Sangston me prometió que conocería a la mayoría de los invitados. Por desgracia, tuve que trabajar hasta el día de Nochebuena por la tarde, mientras que los demás habían llegado la tarde anterior. Fui, por tanto, el último en llegar, justo a tiempo de cenar. Saludé a todos los que conocía y Violet Sangston me presentó a los demás. Después, nos sentamos a cenar.

 

         »Tal vez por eso no oí el nombre de una chica alta, morena y atractiva a quien no conocía. Había mucho movimiento y yo soy muy despistado para recordar los nombres. Parecía fría e inteligente, pero poco amistosa. No obstante, me atraía y excitaba mi curiosidad. Seguro como estaba de que, a lo largo de la cena, alguien la llamaría por su nombre, me olvidé un poco del asunto. Pero no fue así. Mi sitio estaba muy alejado del suyo. Yo tenía al lado a la Srta. Gorman que, como siempre, se mostró divertida y amena. Su conversación era entretenida y olvidé por completo preguntar el nombre de aquella chica morena y orgullosa.

 

         »Éramos doce, incluyendo a los Sangston. Todos éramos jóvenes, o intentábamos serlo. Jack y Violet Sangston eran los mayores y su hijo, Reggie, de 17 años, era el más joven. Fue precisamente él quien sugirió jugar a "Smee" cuando terminamos de cenar. Nos explicó las reglas del juego, como yo he hecho con vosotros. Jack Sangston nos advirtió:

 

         »—Si vais a jugar en la oscuridad —dijo—, por favor, tened cuidado con las escaleras que hay en la parte de atrás del primer piso. Hay una puerta que conduce a ellas y muchas veces he pensado en quitarla. En la oscuridad, alguien que no conozca la casa pensaría que entraba en una habitación. Una chica se rompió el cuello en esas escaleras.

 

         »—Le pregunté cómo había sucedido.

 

         »—Fue hace unos diez años, antes de que nos viniéramos a vivir aquí. Había una fiesta y estaban jugando al escondite. Esta chica estaba buscando un lugar para esconderse, cuando oyó venir a alguien y salió corriendo por el pasillo para despistarlo. Abrió la puerta, pensando que daba a una habitación, con la idea de esconderse allí hasta que el otro se hubiera ido. Por desgracia, era la puerta que llevaba a las escaleras traseras. Cayó directamente al final de las escaleras. Cuando la recogieron, estaba ya muerta.

 

         »Prometimos ir con cuidado. La Sra. Gorman incluso bromeó acerca de vivir hasta los noventa. Lo cierto es que nadie había conocido a la pobre chica y no queríamos entristecernos en Nochebuena.

 

         » Así pues, empezamos a jugar justo después de cenar. El joven Reggie Sangston se aseguró de que todas las luces estuvieran apagadas, excepto las de las habitaciones de servicio y las de aquélla en la que nos encontrábamos.  Preparamos doce notas. Once estaban en blanco y en una de ellas escribimos "Smee". Reggie las mezcló y luego, cada uno cogió una. La persona que tuviera el papel que ponía "Smee" tenía que esconderse. Miré el mío y estaba en blanco. Se apagaron las luces. En la oscuridad, oí a alguien dirigirse despacio hacia la puerta.

 

         »Pasados unos minutos, alguien dio un silbido y todos nos precipitamos a la puerta. No tenía ni idea de quién podía ser "Smee". Durante un rato, recorrimos los pasillos y las habitaciones, desafiándonos mutuamente y preguntando: ¿Smee? ¿Smee?

 

         »Al cabo de un rato el ruido cesó, por lo que supuse que "Smee" había sido localizado. Después encontré un grupo de gente sentado en una escalera estrecha. Hice un desafío y no recibí respuesta. Así que "Smee" estaba allí. Rápidamente me uní al grupo. Llegaron dos jugadores más. Todos se apresuraron para evitar ser los últimos. Jack Sangston llegó el último y tuvo que pagar una prenda.

 

         »—Bueno, ya estamos todos, ¿no? —dijo.

 

         »Encendió una cerilla, miró hacia lo alto de las escaleras y empezó a contar.

 

         »—…nueve, diez, once, doce, trece —dijo, y se rió—. ¡Pero bueno! ¡Si sale uno de más!

 

         »Se apagó la cerilla y encendió otra. Empezó a contar otra vez. Llegó hasta doce. Entonces, desconcertado, exclamó:

 

         »—¡Me salen doce y aún no me he contado!

 

         »—¡No puede ser! —reí—. Seguramente ha empezado consigo mismo y ahora se quiere contar otra vez.

 

         »Su hijo sacó la linterna. Daba mejor luz que las cerillas, por lo que todos nos pusimos a contar. Por supuesto, salían doce. Jack se rió:

 

         »—¡Bueno! —dijo entre risas— ¡estaba seguro de que había contado trece las dos veces anteriores!

 

         »A mitad de las escaleras, Violet Sangston dijo, con cierto nerviosismo:

 

         »—Yo he notado que había alguien dos escalones por encima de mí. ¿Es que se ha movido usted, Capitán Ransome?

 

         »—No, no me he movido. Sin embargo hubiera jurado que había alguien sentado entre usted y yo.

 

         »Durante unos instantes, se produjo un incómodo silencio. Algo se palpaba en el aire. Era como si un dedo helado nos hubiera tocado a todos. Como si sintiésemos que algo extraño y desagradable acababa de suceder… y podía suceder otra vez. Entonces empezamos a reírnos de nosotros mismos y nos sentimos normales otra vez. Sólo éramos doce, eso era todo. Riéndonos aún, volvimos al salón para empezar de nuevo.

 

 

3

______________

 

 

         »Esta vez yo era "Smee". Violet Sangston me encontró mientras buscaba un escondite. Esa partida no duró mucho. Pronto nos reunimos los doce otra vez y el juego acabó. A Violet le dio frío, así que su marido subió a su habitación a cogerle una chaqueta. En cuanto se hubo ido, Reggie me tocó el brazo. Estaba pálido, parecía encontrarse mal.

 

         »—¡Rápido! —me susurró—. Tengo que hablar contigo. Ha sucedido algo horrible.

 

         »Fuimos a la cocina.

 

         »—¿Qué ocurre? —le pregunté.

 

         »—No lo sé. Tú has sido "Smee" esta última vez, ¿no? Pero, claro está, yo no sabía nada. Mientras mi madre y los demás iban al ala oeste de la casa y te encontraban, yo me fui al ala este. Hay un armario muy profundo en mi habitación. Pensé que era un buen escondite y que tal vez, "Smee" estuviera allí. Abrí la puerta en la oscuridad y… toqué la mano de alguien. Susurré "¿Smee?", pero no obtuve respuesta. Así que creí que lo había encontrado.

 

         »Sin embargo, no sé por qué, pero de pronto tuve una extraña sensación, una especie de frío interior. No puedo describirlo, pero sentí que algo iba mal. Así que encendí la linterna y vi que allí no había nadie. Pero estoy seguro de que había tocado una mano. Y nadie pudo haber salido del armario sin que me percatara, puesto que yo estaba justo delante de la puerta. ¿Qué crees tú que habrá pasado?

 

         »—Pues que creíste tocar una mano —contesté.

 

         Soltó una breve risita.

 

         »—Sabía que dirías eso —contestó—. Debí de imaginármelo, ¿verdad?, es la única explicación.

 

         »Le dije que, efectivamente, esa era la única explicación. No obstante, noté que aún temblaba. Volvimos juntos al salón a jugar otra vez a "Smee". Los demás ya estaban allí, preparados para empezar otra vez.

 

 

4

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         »Tal vez fuera cosa de mi imaginación —aunque estaba casi seguro de que no—, pero todo el rato tenía la sensación de que a nadie le apetecía ya jugar otra partida. No obstante, por educación, todos callaron y siguieron jugando. Al mismo tiempo, presentía que algo iba mal. El juego ya no resultaba divertido. Algo en mi interior me alertaba y me impulsaba a ir con cuidado. Había algo sobrenatural e insano flotando en el ambiente. ¿Por qué tenía esta sensación? ¿Acaso porque Jack Sangston había contado trece jugadores en lugar de doce? ¿O quizá porque su hijo creyó tocar la mano de alguien en un armario vacío? Intenté reírme de mis pensamientos, pero no pude.

 

         »Así que empezamos otra vez. Mientras íbamos buscando a "Smee", hacíamos tanto ruido como siempre. Pero me parecía que la mayoría estábamos fingiendo una diversión que ya no existía. Al principio, me quedé con los demás. Pero pasaba el rato y "Smee" no aparecía, por lo que me separé del grupo principal y empecé a buscar en el primer piso del ala oeste de la casa. Y allí, mientras iba palpando los sitios por los que pasaba, tropecé con un par de rodillas.

 

         »Busqué a tientas y topé con una cortina pesada y suave. Supe entonces dónde me encontraba. Al final del pasillo había unas ventanas altas y profundas que tenían un asiento. Alguien estaba sentado en la esquina de una de las ventanas, por detrás de la cortina.

 

         » "¡Ajá! —pensé— ¡He pillado a ‘Smee’ "! Así que corrí la cortina a un lado y toqué un brazo femenino.

 

         »Era una noche oscura, sin luna, de manera que no podía distinguir a la mujer que estaba allí sentada.

 

         »—¿Smee? —susurré.

 

         »No hubo respuesta. Cuando "Smee" es desafiado, él o ella, no contesta. Así que me senté a su lado a esperar a los demás. Entonces susurré:

 

         »—¿Quién eres?

 

         »Y de la oscuridad me llegó un susurro:

 

         »—Brenda Ford.

 

 

5

______________

 

 

         »No sabía el nombre, pero enseguida imaginé quién debía ser. Al fin y al cabo, conocía a todas las chicas que había en la casa menos a una: la chica alta y pálida. Y aquí estaba yo, sentado a su lado entre la cortina y la ventana. Empezaba a divertirme el juego y me preguntaba si a ella también. Le hice una o dos preguntas corrientes, pero no me contestó.

 

         » "Smee" es un juego de silencios. Una de las reglas del juego es que "Smee" y la persona que la haya encontrado se mantengan callados. Pero no había nadie más allí, por lo que me preguntaba por qué ella seguía siendo tan silenciosa. Le hablé otra vez, pero no obtuve respuesta. Empezaba a sentirme un poco molesto. "A lo mejor es una de esas chicas frías y orgullosas que tienen una pobre opinión de los hombres —pensé—. Seguramente no le gusto y aprovecha las reglas del juego como excusa para no tener que hablar conmigo. Bueno, pues si no le gusta estar aquí sentada conmigo, ¡yo tampoco quiero estar sentado con ella!". Así que me fui un poco hacia un lado. "Espero que nos encuentren pronto" —pensé.

 

         »Mientras permanecía allí, me di cuenta de que me disgustaba mucho su compañía. Era muy rara. La chica que vi en la cena me había gustado. Me había sentido atraído por ella y había querido saber algo más de su vida. Pero ahora me encontraba realmente incómodo a su lado. La sensación de que había algo sobrenatural, algo que no encajaba, iba en aumento. Recordaba que había tocado su brazo y temblaba de miedo. Quería levantarme y salir corriendo. Recé para que alguien viniera pronto.

 

         »Justo entonces oí pasos que se acercaban por el pasillo. Al otro lado de la cortina alguien tropezó con mis rodillas. La cortina se corrió a un lado y una mano femenina me tocó el hombro. "¿Smee?" —susurró una voz que reconocí enseguida. Era la señorita Gorman. Por supuesto, no recibió respuesta. Se sentó a mi lado y empecé a sentirme mucho mejor.

 

         »—Eres Tony Jackson, ¿verdad?

 

         »—Sí —susurré.

 

         »—No eres "Smee", ¿no?

 

         »—No. Está a mi lado.

 

         »Estiró el brazo para tocar a la persona que estaba a mi izquierda. Oí sus uñas rozar un vestido de seda.

 

         »—¡Hola, "Smee"! ¿cómo estás? ¿Quién eres? ¡Uy! ¿Va en contra de las reglas hablar? Bah, ¡qué más da! Tony, vamos a saltárnoslas. ¿Sabes? Este juego empieza a aburrirme. Espero que no quieran que juguemos toda la noche a lo mismo. Me apetecería jugar a algo más tranquilo, todos reunidos en torno al fuego.

 

         »—A mí también —respondí.

 

         »—¿Por qué no lo sugieres tú? Hay algo desagradable en este juego, algo incómodo. Te pareceré una tonta, pero no puedo dejar de pensar que tenemos un jugador de más. Alguien que no debería estar aquí.

 

         »Eso era exactamente lo que yo sentía, pero no dije nada. Sin embargo, la llegada de la señorita Gorman había disipado mis temores y me encontraba mucho mejor… Continuamos charlando.

 

         »—¿Cuándo nos van a encontrar?, —dijo la señorita Gorman.

 

         »Pasado un rato, oímos pasos y la voz del joven Reggie que gritaba:

 

         »—¡Hola! ¿Hay alguien ahí?

 

         »—Sí —contesté.

 

         »—¿Está contigo la señorita Gorman?

 

         »—Sí.

 

         »—Pero, ¿qué os pasa? Los dos tenéis una sanción. ¡Llevamos esperándoos un montón de rato!

 

         »—¡Pero si aún no habéis encontrado a "Smee"! —me quejé.

 

         »—Vosotros no lo habéis encontrado, querrás decir. Yo era "Smee" esta vez.

 

         »—¡Pero si "Smee" está aquí con nosotros! —me lamenté.

 

         »—Así es —añadió la señorita Gorman.

 

         »Abrimos completamente la cortina y miramos hacia el punto que enfocaba la linterna de Reggie. Miré a la señorita Gorman y a mi otro lado. Entre la pared y yo había… un espacio vacío en el asiento de la ventana. Me levanté de un salto y… volví a sentarme. Me encontraba mal. Todo daba vueltas a mí alrededor.

 

         »—¡Había alguien ahí! —insistí— ¡Yo la toqué!

 

         »—Y yo también— dijo la señorita Gorman con voz temblorosa. Además, nadie podría salir de aquí sin que nosotros nos diésemos cuenta.

 

         »Reggie soltó una risita nerviosa. Me acordé de lo que le había pasado unas horas antes:

 

         »—¡Alguien ha estado tomándonos el pelo todo el rato! —dijo— ¿Bajamos?

 

 

 

 

 

6

______________

 

 

         »No éramos precisamente los más populares de la fiesta cuando bajamos al salón.

 

         »—Me los he encontrado sentados en el asiento de una ventana, detrás de una cortina —dijo Reggie.

 

         »Me dirigí a la chica alta y morena:

 

         »—¡Así que fingiste ser "Smee" y luego te fuiste! —la acusé.

 

         »Sacudió la cabeza. Más tarde, nos pusimos todos a jugar a las cartas en el salón, con gran alivio para mí.

 

         »Al cabo de un rato, Jack Sangston quiso hablar conmigo. Me pareció que estaba algo enfadado y enseguida me lo confirmó:

 

         »—Tony —dijo—. Supongo que estás enamorado de la señorita Gorman. Eso es asunto tuyo, pero, por favor, no la cortejes en mi casa, mientras estamos jugando. Nos has tenido mucho rato esperando. Ha sido muy descortés por tu parte y me avergüenzo de ti.

 

         »—¡Pero si no estábamos solos! —protesté—. Había alguien más allí. Alguien que fingía ser "Smee". Creo que ha sido esa chica alta y morena, la señorita Ford. Me susurró su nombre. Claro, luego negó en redondo haber sido ella.

 

         »Jack Sangston me miró fijamente.

 

         »—La señorita ¿qué? —dijo, casi sin aliento.

 

         »—Brenda Ford, al menos eso me dijo.

 

         »Jack puso su mano en mi hombro.

 

         »—Mira, Tony —dijo—. No me molestan las bromas, pero ya es suficiente. No queremos preocupar a las damas, ¿no? Brenda Ford es el nombre de la chica que se rompió el cuello en las escaleras. Estaba aquí jugando al escondite hace diez años.»

 

 

FIN

 

 

 







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