LOS POLLOS MÁGICOS Cuentos nocturnos © 2005

C uentan que un vecino de Jaén estaba una noche a punto de quedarse dormido cuando vio salir por un hueco de la pared una gallina seguida de seis polluelos. El hombre se levantó de la cama en el acto y, al acercarse al cortejo, comprobó que los animales brillaban como el oro.

Conteniendo la respiración, observó cómo la gallina, después de cruzar la sala, se dirigía de nuevo al mismo agujero, por donde desapareció con toda su pollada tan misteriosamente como había surgido.

Maravillado por la escena que acababa de presenciar, el hombre acechó una nueva aparición y, en efecto, la noche siguiente pudo contemplar de nuevo el extraño fenómeno.

Sucedió así durante varias noches y, aunque el hombre ponía su ingenio en atrapar a alguno de aquellos valiosos animales, nunca podía cogerlos porque se hacían ceniza en sus manos siempre que lo intentaba.

Nuestro paisano sentía la tentación de contárselo a sus amigos y se reía imaginando sus caras de incredulidad o estupor; pero algo lo detenía en el último instante. Por fin una idea prevaleció y fue la de seguir él mismo a la dorada comitiva hasta donde le fuera posible.

Compró un pico y una pala y una noche, cuando el prodigio se retiró a su nido como de costumbre, el hombre empezó a golpear la pared para agrandar el hueco.

Al poco tiempo, descubrió una celosía empotrada en el muro y, al apartarla, sintió un estremecimiento. Algo brillaba a la luz de la vela, pero no eran los pollos, de los que no había ni rastro, sino una tinaja llena de joyas y monedas de oro que permanecía allí guardada desde hacía siglos.





Deja que la curiosidad te lleve a conocer el fondo de las cosas.





Por José Gilabert Carrillo,
a partir de relatos orales






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